miércoles, 2 de septiembre de 2015

Despertar


Sólo dos minutos más, susurra ella en una mañana muy fría para ser verano. Descansa, yo contaré por ti, escucha decir a su lado. Es una voz que acaba en un par de manos enterradas, recorriendo su pelo. Y ella hace caso y sonríe, y se deja rascar y adormecer, y también deja de pensarse, aunque como en sueños sí que piensa o se sigue pensando, pero de forma atenuada, con mucha pereza, desde lejos. Y así vislumbra, igual que si estuviese en un corredor bañado de luces y sombras, todo aquello que tendrá que hacer hoy en el trabajo, y también lo que hará luego, a la tarde. Ella incluso piensa y aventura lo que hará durante el largo mes de setiembre, aún por llegar. Y en un momento dado se descubre pensando, o mejor recordando, lo que hicieron anoche y en ese instante imagina y cree adivinar qué quiere y querrá hacer él de aquí en adelante. Por eso le da un beso, en realidad únicamente lo intenta, porque está tan dormida, tiene tanto sueño, que el beso se pierde en los rincones de su cabeza acariciada. Inevitablemente ella vuelve a desvanecerse otro poco, hasta ahora mismo, que con pena le ha parecido oír algo como ya es la hora o ya es tarde, o ya han pasado ese par de minutos. Aún nota las dos manos trenzadas bajo su pelo cuando pestañea y abre los ojos. Se miran. Se incorporan. No dicen nada. Son ayer. Tiempo de despertar. 

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