miércoles, 23 de mayo de 2018

El Sueco


Nadie en el barrio sabe si vino antes el libro o la camiseta. Pero un día cualquiera, la tarde que empezó a ser conocido como El Sueco, El Sueco entra en el bar de la esquina y empieza a disertar de la obra de Philip Roth. Según cuentan, es la primera vez que El Sueco viste su, luego célebre, camiseta de la selección de fútbol sueca y en las manos ya sostiene ese inseparable ejemplar de Pastoral americana. Quizá no habría sido motivo de mayor comentario, acaso mera anécdota expuesta al olvido, de no haberse repetido este comportamiento tan peculiar en todo lugar y circunstancia a partir de la fecha. Aunque, entre los vecinos, ha dejado de resultar extraño toparse con el Sueco recitando a Roth en la sala de espera de la planta quinta del ambulatorio al final de Reina Mercedes o divisar a El Sueco explicando a Roth a su predecesor en la fila de cajas del Dealz de Bravo Murillo o, y dicen que entonces su voz tiene un matiz cadencioso, casi hipnótico, escuchar palabras de El Sueco sobre las novelas de Roth emergiendo de la boca de metro de Estrecho más próxima a Juan de Olías. El Sueco siempre. Y siempre con Roth en los labios. Muchos son los que, tal vez hartos, han acabado por preguntarle: “¿Por qué, Sueco, por qué?”. Pero El Sueco jamás responde. Sin cambiar de tema, tampoco de camiseta, El Sueco sigue con Philip Roth y su gastada camiseta de la selección de fútbol sueca. Nada ni nadie mejor para hacerse El Sueco.

(DEP, Philip Roth)

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