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martes, 20 de agosto de 2019

Co(n)razón

Periódico local, sección de sucesos, columna interior de página par, párrafos finales: 

El equipo médico del complejo hospitalario continúa preguntándose las razones de la evolución clínica favorable que ha experimentado el joven de 32 años ingresado en situación de parada cardiorrespiratoria hace hoy seis noches. “A las tres horas y dos minutos de la madrugada del pasado lunes, tras haber agotado sin éxito cualquier posibilidad de reanimación, desde las instalaciones del ala de Urgencias de la institución se certificó el fallecimiento”, ha explicado a este diario el responsable de la Unidad de Cardiología, el doctor J. A. Tapia, quien ha añadido con perplejidad: “Sin embargo, escasos minutos después, el paciente recuperó la conciencia y también el resto de funciones fisiológicas a excepción del pulso cardíaco, que no ha vuelto a registrarlo desde entonces”.

“Vivir sin corazón resulta biológicamente imposible, se trata de un hecho indiscutible”, ha argumentado el propio doctor J. A. Tapia, aunque al segundo ha precisado: “Aparentemente, debiera ser así, por eso no damos crédito”, ha reconocido asombrado.

Ante la ausencia de una explicación médico-científica que desvele cómo regresó a la vida este joven hombre de 32 años cuyo corazón lleva sin latir durante casi una semana, la redacción se ha puesto en contacto vía telefónica con F. García de la Cruz, fundador y socio director de El Misterio, primera agencia en España y América Latina dedicada a la investigación de fenomenologías extrañas. “Pese a lo tremendamente inusitado de la cuestión, ya hay consignados casos similares a lo largo y ancho del continente sudamericano; si no recuerdo mal, en países como Perú, Uruguay o Chile, por citarte algunos”, ha declarado García de la Cruz. Para este “experto en la otredad cósmica y lo incierto de nuestra existencia”, como se define a sí mismo, cada vez serán más las personas que vivan bajo la privación del pulso cardíaco: “Es únicamente una cuestión de evolución humana, algo sobre lo que el escritor argentino Andrés Neuman reflexionó recientemente a través de un fantástico aforismo en el que, lamento no disponer de un ejemplar aquí, aunque recurriré a mi memoria, proponía que el corazón es un músculo peculiar que, en vez de levantar peso, lo acumula”.

Miembros del Gabinete de Comunicación del centro médico han adelantado a esta cabecera que el paciente recibirá mañana el alta hospitalaria y proseguirá con la recuperación desde su domicilio, en compañía de sus allegados y siendo a diario sometido a exhaustivos y rigurosos reconocimientos y controles. Pero el experto F. García de la Cruz no se muestra preocupado y augura “tiempos felices” al protagonista de tan increíble suceso: “Seguro que le irá de maravilla, y es que nadie puede partirte el corazón si no tienes uno dentro del pecho, ¿verdad?”.

jueves, 7 de julio de 2016

IMSERSO

Esta pequeña historia se la contaron hace poco a mi abuela, que enseguida se la relató a mi madre, que por teléfono me la repitió, quizá queriendo, seguro intentando, que yo le pusiese palabras. Pero quien narra es mi abuela:

Verás, Pili. Concha me explicó que era una excursión de un día por los pueblos blancos de Cádiz. Ya te imaginas, muchos mayores y kilómetros en autobús. A mediodía paran delante de una venta. Antes de sentarse, rodean la barra y beben cerveza. Brindan. Y al tal Matías le sabe a gloria. La primera caña. Porque la segunda parece que le cuesta. De repente, se siente morir. El hombre toma y se toma tan en serio que va y muere allí mismo, al instante. Fulminante. Infarto, anuncia el médico presente (siempre hay uno) entre los comensales. Que se miran, los más aprensivos incluso, cuenta Concha, se buscan con disimulo el pulso, sin entender bien cómo. Aunque la conmoción dura casi nada. Porque oyen que el de la funeraria no llegará hasta dentro de horas. Insostenible situación. Algo hay que hacer. Todos de acuerdo. Pero sólo dos cargan y acuestan a Matías en el patio trasero de la venta. Un tercero, que padece de los hombros, le tapa con una manta. El resto de la excursión superviviente se sienta a comer. Si es que ya estaba pagado, se repiten. El menú, muy sabroso. Anima a la conversación. A reír durante los cafés. Luego, siesta en el bus. Lleno salvo por la plaza de Matías. Todavía en el patio, como si durmiera. Igual que se olvida un sueño.

martes, 11 de agosto de 2015

Cardíaco ('rojo')


De un tiempo a esta parte me viene doliendo el corazón. Me ocurre estando con ella: esas tardes que paseamos junto a la playa o mientras compartimos una cerveza, sentados en cualquier bar del centro; también cuando nos acostamos. Siempre es el mismo dolor de punzadas arrítmicas. Tantas y tan fuertes que el otro día desperté en el hospital. Ella esperaba junto a mi cama. La vi despeinada, el gesto muy preocupado y llena de miedo, y sus ojos, así como sus labios, grandes y temblorosos, latían, me miraban. Y yo quise decirle guapa y gracias, y que no se asustara, pero un enfermero sin rostro la apartó. Sus gritos eran de color rojo.