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sábado, 11 de julio de 2015

BOB DYLAN (Córdoba 9/7/15)


Bob Dylan nunca me faltó cuando todas me faltaron. Tampoco me dejó cuando me habían dejado. Porque sin estarlo Bob Dylan siempre estuvo y ha estado ahí. Con sus largas letras de desamor para esas veces que ya nada nos queda, amor. Bob Dylan, viejo amigo que estudió conmigo cada noche de carrera. Con el que he escrito tantos cuentos. Continuamente Bob Dylan se acerca al oído para dictarme frases que mi mano jamás imaginaría. Bob Dylan también sabe ser un formidable compañero de viaje, que charla por los dos cuando subo al coche. Y Bob Dylan de ningún modo se escaquea las tardes que salgo a correr hasta el dique de Levante. Entonces parece que sobre el puerto no anochecerá nunca, o al menos no del todo, hasta que termine de sonar la última nota de su Not dark yet. Bob Dylan eligió, contando los bises, otras veinte canciones distintas que versionar (algunos clásicos y mucho material de este siglo) para su concierto del pasado jueves en el Teatro de la Axerquía. Vestido de riguroso negro de tobillos a cabeza, sus pies de setentón calzaban botas de una nieve poco común en Córdoba, Bob Dylan fue el más enjuto de los héroes. Con ojos claros y brillantes bajo la sombra de su sombrero. En el Festival de la Guitarra Bob Dylan prefirió tocar piano y armónica. Y Bob Dylan tocó más bien que mal. Igual que cantó más mal que bien. Como suele. Algo extraño fue verlo deambular por el escenario, pasear como un campeón en busca de aspirante. Durante el round final a Bob Dylan le bastó con arquear ambas piernas y extender sus brazos al cálido cielo de julio para desatar la locura de un anfiteatro enamorado. Ante nuestra sorpresa, Bob Dylan posaba. Qué cierto. Aunque había trampa: los fotógrafos tenían prohibido el acceso. Qué certísimo. Y mientras Bob Dylan nos miraba desde el centro del escenario, satisfecho de sí mismo, con la cegadora luz de los focos y sus músicos escoltándole, y toda Córdoba convertida en un aplauso eterno, yo también quise ser feliz y me engañé creyendo que mi viejo amigo Bob Dylan me reconocía entre el público y se alegraba de verme. Él no sonrió. Pero una vez más Bob Dylan tampoco faltó en mi vida. ¡Gracias, maestro! 


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*Fotografías: Diario Córdoba

domingo, 21 de diciembre de 2014

El último entre los últimos shows sobre la Tierra


Crónica del concierto de Enrique Bunbury en Madrid / ‘Palosanto Tour’

De riguroso negro y portando gafas de espejo, surgido del cegador rayo lumínico de un platillo volante, Enrique Bunbury aterrizó anoche en Madrid para firmar el último concierto de la gira Palosanto, exitoso tour con el que ha recorrido España y Latinoamérica durante 2014. Era palpable el aroma a despedida en los minutos previos a la actuación de ayer, y es que en fechas recientes el cantante zaragozano ha hecho pública su intención de no subirse a los a los escenarios en 2015 para dedicarse a proyectos diversos. De modo que el numeroso público congregado en el Palacio de Deportes de la capital se entregó con devoción a su ídolo desde el primer momento, dispuestos los seguidores de el extranjero a disfrutar de una inolvidable velada antes de la prolongada ausencia.

sábado, 12 de julio de 2014

Crónica: Tinta de Calamaro (Concierto, Fuengirola)

Andrés Calamaro, en el castillo Sohail

La de Andrés Calamaro no fue una noche bohemia, aunque el título de su último trabajo se prestaba a ello. El de ayer, celebrado en un concurrido castillo Sohail de Fuengirola (Málaga), consistió en un concierto festivo, entretenido y sobre todo solvente. A estas alturas, Calamaro no te toma al asalto sino que es la sucesión de canciones, el acumulado del show, lo que te atrapa y perfila la sonrisa de satisfacción con la que vuelves a casa. Porque a día de hoy el músico argentino (AKA el Salmón) sigue siendo tan brutalmente honesto como los tiempos permiten.