La
boca de metro se abre al sabor azulado, casi líquido, de Mar de Cristal en calma una tarde de mayo. Desordenados como caries, a
izquierda o derecha de los puntiagudos escalones dentados y grises,
cada ex pasajero asciende sobre el runrún eléctrico de la larga
lengua mecánica, sin fin, siempre embarcada en otro nuevo viaje
(salmón) río arriba. Varios peldaños más cerca del cielo, a punto
ya de tocar tierra firme, tan pirata como sus vaqueros, los
pendientes de aro, la bandana coral, con camisola blanco vela al
viento y un ancla tatuada en ambos tobillos iguales y distintos, Mar
lee tras sus anteojos un gastado mapa de Madrid, cuyas esquinas se
doblan y desdoblan enredadas entre sus muchas pulseras. Hay un tesoro
escondido aquí. Un dedo señala la X roja y precisa. Fuera de la
boca de metro, la tarde de mayo se derrama a sorbos pequeños. Dos
calles más allá, bajo la sombra de una improbable palmera, Mar
queda muy quieta. Inquieta (son)ríe. Sus ojos brillan. Empieza a
cavar.
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martes, 1 de mayo de 2018
domingo, 27 de noviembre de 2016
RESACA (otro lunes)
Incluso
lluviosas, las tardes de domingo el barrio se besa de parejas.
Delicias de la mano. Embajadores de arriba abajo, bajo un mismo
paraguas. Traen los pies mojados, secos los labios, cuando de noche
toman todo Ferrocarril para, en ese último bar, escapar del lunes.
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