Pasolini: el último paso
Un hombre que monta gafas oscuras ha de esforzarse para
no acabar viendo la vida color negro. Tono con el que barnizar cada puerta,
coche y corazón, según Mick Jagger.
Esmalte que pinta los ojos de madrugada. De fiesta o dormidos. Pier Paolo Pasolini, soñador y
noctámbulo, invocó su muerte en voz alta: “Todos estamos en peligro”. Aunque
unos más que otros, conocemos los periodistas. Y, horas después de esa
entrevista, la playa romana de Ostia
borró la pisada de este artista inabarcable: cineasta, poeta y dramaturgo,
pensador, semiótico. Brutalmente golpeado hasta el desvanecimiento, arrollado
por su imponente Alfa Romeo, ahogado
de ganas de seguir siendo, Pasolini provocó
por última vez.
