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viernes, 20 de enero de 2017

Sostiene Pereira

Que va a darme empleo: He venido desde el Lisboa de Lisboa, eso sostiene Pereira, a pedirle que a partir de ahora sea usted quien escriba las necrológicas anticipadas de los grandes escritores que “aún están por morirse” para mi pequeño diario apolítico, tan de papel. Así lo sostiene Pereira, igual que sostiene con ambas manos su limonada, la segunda ya que se toma en este huequito de cafetería de Atocha. Pero antes, dice después de haberse secado los labios, he de preguntar si le interesa a usted la muerte; porque, permítame la franqueza, yo no quiero creer en la resurrección de esta carne (señalándose el abultado estómago), aunque, lo confieso, sí sigo su blog. En realidad, me oigo que voy respondiendo, ahora escribo más para ConSalud. Pereira sostiene todo su espanto mientras ordena algunas ideas y otra limonada con mirada casi decidida. Un ojo, el izquierdo, puedo verlo, se asusta y al final se le escapa, silbando: ¿¡Prensa salazarista!? Debí haberlo visto venir, el verde de su camisa verde. No, no, me repito, tan sólo verde sanitario. Y su inevitable relación con la muerte, espero; aventura o intenta sostener Pereira, que enseguida sí que sostiene una larga lista de escritores sobre quienes habré de escribir: Puede comenzar por Mauriac o Bernanos. ¿Y entonces por qué no Lorca? Lo interrumpo. De nuevo el ojo fugitivo, medio suicida; este hombre debe de padecer de mala vida, adivino. Porque, sostiene Pereira y lo sostiene como si jamás fuese a soltarlo, Federico ya está muerto, Monteiro Rossi. Y yo quiero negar, recordarle que no me llamo así, pero las letras que conforman M-o-n-t-e-i-r-o-R-o-s-s-i empiezan a dibujar a Marta en el andén. Andarina, sonriente, verano de enero, ella pide la silla libre al hombre calvo sentado en la mesa de al lado, que por primera vez levanta las gafas del cuaderno donde tomaba notas. Parece muy cansado. Nos mira, (nos) espera. Continúe, Tabucchi, que no va a escribirse solo, sostiene Pereira. 

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Relato inspirado en la novela Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Crítica de cine: 'Pasolini'


Pasolini: el último paso

Un hombre que monta gafas oscuras ha de esforzarse para no acabar viendo la vida color negro. Tono con el que barnizar cada puerta, coche y corazón, según Mick Jagger. Esmalte que pinta los ojos de madrugada. De fiesta o dormidos. Pier Paolo Pasolini, soñador y noctámbulo, invocó su muerte en voz alta: “Todos estamos en peligro”. Aunque unos más que otros, conocemos los periodistas. Y, horas después de esa entrevista, la playa romana de Ostia borró la pisada de este artista inabarcable: cineasta, poeta y dramaturgo, pensador, semiótico. Brutalmente golpeado hasta el desvanecimiento, arrollado por su imponente Alfa Romeo, ahogado de ganas de seguir siendo, Pasolini provocó por última vez.