lunes, 7 de noviembre de 2016

PREOKUPAS

Muchas madrugadas de domingo, mientras duermes, me pongo el abrigo sobre el pijama y vuelvo al piso que vimos en calle Murcia. Ése “amplio”, “recién reformado”, “barato”, “amarillo”, “a tan sólo una vía de Atocha”, “perfecto”. Un tercero derecha exterior iluminado toda la noche. Donde nuestras canciones de siempre se suicidan balcón abajo cuando una pareja de otros las baila. Allí viven y se ríen (de nosotros). “Llamaron antes”, sentenció el casero. Qué Idealista. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Anoche en casa

Tumbado sobre la alfombra, sin colmillos ya con los que refrenar esa lengua suya, tan colgante o caída como el par de párpados, Uri ladra las buenas noches y se duerme. Todo menos una pata. Esa trasera, la del lado izquierdo. Que se agita en sueños, salta en morse, no deja de correr.

jueves, 13 de octubre de 2016

Felices sueños

Anoche soñé que hablabas en sueños. Dormida a mi lado, decías cosas que nunca me has dicho. Hoy niegas todo con tus besos, pero ya oscureció. Un tapón en cada oído y cierro los ojos. Felices tú y yo. Felices sueños.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MAESTRO SANÉ

Di adiós a la impotencia sexual, a los hechizos, al mal de ojo, recupera a tu amor perdido, atrae a quien te atrae, acaba con la maldición del vendedor… Volví a leer, muy despacio, tomando aire entre sílabas: “La-mal-di-ción-del-ven-de-dor”. Llamé enseguida: “Maestro Sané, llevo casi un año como eventual en Carrefour, vendo electrodomésticos”. Esa misma tarde me recibió en su buró. La ceremonia fue rápida, precisa, indolora. Sané hizo llover pétalos azules sobre mi cabeza. Luego, devoró un murciélago traído desde remotas tierras francesas. Finalmente, canturreó un salmo tan evanescente como el humo de su incensario. Salí de allí ya libre, pero no fue hasta un mes después, cuando mi último contrato terminó y por primera vez no me renovaron, que se produjo el milagro. Aunque ahora estoy oyendo muchas cosas del nuevo chico de Electrodomésticos. Mis antiguos compañeros me llaman y cuentan de este tal Sané que me sustituye. Yo les pregunto si es maestro. Todos coinciden: “No, no, otro eventual”. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

La casa de Asterión

En el Carrefour donde trabajo hay catorce puertas de acceso y de salida, y catorce ventanales. También son catorce las cajas, los mostradores y las galerías del centro. Aquí todo suma catorce menos yo, me explica Asterión, al que algunos apodan el 'hombre toro'. Es vigilante nocturno. Suelo acompañarle durante sus rondas. Siempre está hablando del redentor, aquel que llegará y le hará libre. ¿No serás tú, Fernando?, me pregunta. Únicamente vengo como eventual, contesto, a quien esperas se llama jubilación. Y Asterión ríe mientras recorremos el pasillo de los libros, al tiempo que él va acariciando cada tomo; sé que si se aburre, se sienta a leer. ¿Te gusta Borges, Asterión?, indagué una noche. Por primera vez, vi al toro. Estremecedor su bufido: Aquí sólo vendéis novedades. 

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'La casa de Asterión', original de Jorge Luis Borges.

sábado, 6 de agosto de 2016

Fichado

Llegan a casa con pasos cortos y armas largas. Disparando mi miedo. Preguntándome. No sé, no sé. Golpe, golpe. Hasta que, de golpe, encuentran la cartera. La tarjeta de identificación está dentro. Fuera espera un coche. El camino de vuelta. No volveré a fichar antes de hora.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Sobre mi nevera

"Todas las noches, ya muy tarde, cuando mis compañeros de piso duermen mientras yo sólo lo pretendo, la nevera tiembla ligerísimamente, electrizada de vida. Un pestañeo después, apenas perceptible, el electrodoméstico da un pasito pequeño, de calcetín blanco. Y, enseguida, se atreve a otro. Al tercero, calculo de cabeza contra la almohada, quizás al quinto, incluso con el séptimo, el enchufe se queja, dice crac y ahora arrastra por las baldosas amarillas de la cocina, persiguiendo al frigorífico como una cadena serpentea tras la sábana que se disfraza de fantasma. Este sepulcro de metal marmóreo, Moby Dick de andar por casa, navega el ancho salón y sus sombras para perderse entre las profundidades de nuestro pasillo. Mi habitación queda la primera. Y los vellos se me vuelven plumas y hasta los brazos me aletean, más gallina que persona, en cuanto escucho el abridor de la nevera empujando hacia abajo, igual que si jugara a ser mano, el pomo del cuarto, que cede y aquí está. El frigorífico. Demasiado gigantesco o sigiloso, ambas cosas incompatibles, entra de puntillas. Camina hasta la cama donde rezo y espío, tengo labios y párpados apretados. Cierro también los pulmones. Me creo un muerto. Pero la nevera desliza sin temor mi tela protectora y quedo en pijama, expuesto. Mirado como si nada. De idéntica forma a cómo yo la abro y observo cada tarde. Por puro aburrimiento, nunca me mueve el hambre. Al rato, el frigo también se cansa, porque regresa a su rincón. Algunas madrugadas venzo mi pánico y me asomo a la cocina esperando ver no sé exactamente qué. La nevera disimula. Hace un siseo metálico. Es su risa nerviosa. Eléctrica."

lunes, 1 de agosto de 2016

Cuando vuelves, cuándo vuelves

No hay luz en casa. La cerradura está echada. Nuestra habitación parece, a un tiempo, llena y abandonada de qué sé yo. De tu sonrisa quizá, cómo brilla en cada foto de la pared. De esa camiseta que siempre usabas y ahora se arruga entre dos sillas. De libros tuyos, olvidados junto a la cama donde no me duermo. Ya busco el interruptor. No enciende. La luz sí se fue contigo.