jueves, 18 de mayo de 2017

Pide un deseo

Que quien más quieras y quieres te dé un beso enorme esta noche. Y que mañana, después de haber soñado tu mejor sueño, te despierten con otro bien grande, de todo corazón. Ojalá que esa ducha tras levantarte sea larga, el pan crujiente y tu taza de café doble te sepa a doble gloria. Que no encuentres atasco en tu camino al trabajo pero sí aparcamiento, a la primera y junto a la puerta de entrada. También muchos buenos días. Que a cada paso te reciban otra nueva sonrisa y un te quiero. Para que así mañana todo sea tranquilo, feliz y perfecto cuando te pongas tus guantes de hacer magia y entres a quirófano.

A los ángeles del hospital, ¡gracias!

miércoles, 5 de abril de 2017

Nuevo

Ahora vivo en un barrio nuevo. En una casa nueva, donde las puertas, de color amarillo, las paredes, también amarillas, y hasta las ventanas y su luz coloreada, casi amarilla, son nuevas. Incluso la calle, que se derrama del otro lado del cristal, tan amarillo, parece nueva cuando desde esta ventana, muy pronto aún por la mañana, te veo pasar calle abajo. Veloz, elástica, con tu sombrero amarillo nuevo. 

lunes, 20 de marzo de 2017

S.E.R.(de tu ciudad)

"Contempla toda la luna nueva. En su superficie, por fin encuentra el blanco que busca. Es perfecto. Anota las coordenadas. También la hora. El dedo ya se le dispara. Explota de puro entusiasmo. No hay duda, al hombre del S.E.R. le encanta multarte."

domingo, 12 de marzo de 2017

Hasta mañana

Sara sube al 27 en Rubén Darío y ya se baja, de la mano de Botero. No tenemos mucho tiempo. Apenas tres paradas y dos semáforos esculpidos todo al rojo. Como el jersey que viste Sara esta mañana que le cedo ventana para ver qué ve por encima de sus grandes ojeras de ojos grandes, aún casi dormidos. “¿Mala noche?” “Pero peor día”. Y como cada día, de lunes a viernes, sonreímos hasta que, no sé... De repente, las piernas quieren rozarse y los pies, tan sólo escapar. Es la próxima, anuncia el autobús. Bajo el sol de marzo, Botero que nos saluda. Y nos despedimos: hasta mañana.

mano-botero

jueves, 9 de marzo de 2017

Papel mojado

20 años después y Los tres mosqueteros uno junto al otro, lomo con lomo, sobre la cisterna del váter. En el lavabo, Robinson Crusoe, El Aleph de Borges y un poco de espuma de Moby Dick. Lolita dentro de un cajón para cremas. En el de al lado, donde el secador, Piglia. Mi Estrella distante, justo entre el hueco chileno que trazan dos toallas amarillas. Y también muy cerca, Corazón tan blanco, Drácula, la obra completa de Conan Doyle, una segunda parte del Quijote y hasta Rayuela, en varias ediciones. Porque Brenda guarda en el baño sus libros. Todos ellos. Ahí tiene su biblioteca, me cuenta orgullosa. Precisamente ahí, sigue diciéndome, mientras se peina, se lava los dientes, la cara, maquilla o desmaquilla, o incluso cuando hace lo que tan sólo se hace en el baño, y veo como ahora me guiña, en esos momentos Brenda siempre recurre a su biblioteca: mira sus libros, piensa en ellos, les acaricia el lomo, hasta que finalmente (inevitable, confiesa) vuelve a leerlos. Una lectura fragmentada la de Brenda, miope, como sin aclarar todavía. Al final, las páginas se acaban doblando, cuando no empapando, a causa de la humedad y la tinta coge color invisible. Por eso, a veces, Brenda recita frases que ya no están en ninguna página. Y, de repente, el pelo rebozado entero en champú, se acuerda de Philip Roth y su Goodbye, Columbus “con los ojos acuosos, aunque no por el agua”, que el desagüe ya ha borrado. 

jueves, 16 de febrero de 2017

La vida en las ventanas

En mi habitación hay una ventana que da a ningún sitio. Es una ventana invisible, casi no existe, está tapiada. Sin embargo, siempre me descubro mirándola aterrado, igual que si temiese (ver) algo, aunque no imagino qué. Porque son sólo ladrillos. Quince filas enteras, separando este lado del otro. Y cuando, como ahora, oigo voces detrás de la ventana, yo jamás miro.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Ideal(ista)

Nunca supimos si la casa también estaba encantada, pero desde luego a ti y a mí nos encantó. Ya nos veíamos allí viviendo: desayunando, comiendo y después cenándonos. Con sueño, soñando, madrugando o quedándonos dormidos hasta las doce, entrando y saliendo al trabajo o de paseo, a hacer recados, para viajar, ir al cine, al teatro, a museos, al bar de la esquina, a ningún sitio en especial, pero venga, vamos. Tú y yo. En ese piso, los dos leyendo, riendo, charlando, discutiendo, escribiendo, pintándolo entero de amarillo, comprando una mesa, muchas sillas, el sofá cama de las visitas, abriendo cada tarde nuestro buzón sin cartas, enmarcando todas estas fotos, los miércoles pidiendo del chino, italiano para llevar en viernes, instalando internet, el fijo, jugando a las cartas, tirando la basura, barriendo, ensuciando, jodiendo, bailando, lloviendo fuera y nosotros frente al televisor. Nos veíamos en esa casa encantados, imaginamos que el casero también. Pero sólo era un fantasma: “Necesitaré vuestros contratos indefinidos, las tres últimas nóminas, seis meses de fianza, un avalista, que me incluyáis en el testamento, prueba de sangre de cada uno, otra de orina, el certificado de antecedentes penales, la secuenciación de vuestro genoma, que sepáis silbar y seáis bastante más altos antes de entrar a vivir, nada de gafas tampoco, ni de mascotas, y dad gracias que no lo alquilo a través de agencia”.

sábado, 21 de enero de 2017

Imposibilidad de nosotros

Sucede siempre igual que nunca coincidimos. Ni de mañana, ni de tarde. Tampoco al caer la noche. Como el Sol y la Luna. O arriba y abajo. Incluso antes y después. Somos irreconciliables, trocitos, par de imposibles. Por eso, cuando entro por la puerta, tú saltas por una ventana. Y si te llamo, no coges el teléfono. Subes a ese metro del que salgo. Cambias la línea, de gafas y hasta tus ojos. Ahora ves otra serie. Lees a otro autor (al que odio). Tu color favorito, opuesto al mío. Vegetariana y jamás vegetariano. ¿Cerveza? Mejor vino. Y tras los postres distintos, el mal sabor en la lengua de tu “tú a mí no”. Porque, da igual que nunca coincidamos, tú a mí sí. Todavía siempre.