“En
mi habitación hay una ventana que da a ningún sitio. Es una ventana
invisible, casi no existe, está tapiada. Sin embargo, siempre me
descubro mirándola aterrado, igual que si temiese (ver) algo,
aunque no imagino qué. Porque son sólo ladrillos. Quince filas
enteras, separando este lado del otro. Y cuando, como ahora, oigo
voces detrás de la ventana, yo jamás miro.”