No
hay luz en casa. La cerradura está echada. Nuestra habitación
parece, a un tiempo, llena y abandonada de qué sé yo. De tu sonrisa
quizá, cómo brilla en cada foto de la pared. De esa camiseta que
siempre usabas y ahora se arruga entre dos sillas. De libros tuyos,
olvidados junto a la cama donde no me duermo. Ya busco el
interruptor. No enciende. La luz sí se fue contigo.