jueves, 31 de agosto de 2017

Agosto agotado

La última tarde de agosto se ajustó el ojo de cristal, la pata de palo y fue a bañarse a Los Baños. En la playa, apenas si quedaban ya bañistas cuando el mar sí comenzaba ya, muy de a poco y sin perder calma, a perder su outfit azul marino. El hombre del ojo de cristal y la pata de palo se mojó con brazadas secas. Nadó como si nada hasta orillarse lejos de la orilla. Dejó rápidamente atrás la parte en que haces pie (aunque sea de puntillas) y también el largo y oscurecido dique al final de la cala. Acostado frente a la costa, igual que naufragado o como quien juega a muerto, pero siempre anclado a su pata de palo, el hombre del ojo de cristal y la pata de palo se dejó flotar bocarriba, a la deriva. Más allá de Los Baños, ya no era posible distinguirlo, horizontal contra el horizonte. De noche, en algún punto mar adentro, debió de ver la primera estrella: salada y fugaz. Seguida enseguida de la segunda y después de otra y tantas otras más. Tocado por las estrellas, imagino, el hombre del ojo de cristal y la pata de palo se estrelló en el último cielo de agosto agotado.

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