miércoles, 9 de noviembre de 2016

EXCLUSIVA

Toda ojos, Sara escudriña el imponente hall del hotel Meliá Castilla. Se encuentra aquí para contar para su medio la primera jornada del último congreso nacional sobre Cirugía. Y yo... Estoy perdido. Porque nada sé de Medicina y porque, pese a no habernos visto jamás, veo que Sara sí me ha visto llegar, surgido del frío callejero de un Madrid en noviembre, y su falda es un dibujo de tela vestido de imán oscilante, atrayente, sobre unos leotardos color amarillo. Atrapado, acudo a decir hola. Estrecha mi mano. Nos sonreímos. De repente, alguien de la organización, casi tan sonriente o alegre como nosotros, guía nuestros pasos hasta una pequeña sala de prensa del piso decimocuarto. Hay zumo y café en una mesita próxima a la ventana. Sara, que ya me ha dicho que se llama Sara, mira fuera y da sorbos de su taza mientras la miro y sorbo cada una de sus palabras. Habla muy deprisa, entusiasmada, como si supiera que nos faltará tiempo. Entonces entra la eminente doctora Dolores Fuertes, que parece no querer saber que nos interrumpe. REC de la grabadora: “Buenos días, vengo a detallar las principales ponencias de este exitoso congreso […] Debemos abogar por la Innovación, con mayúscula […] Y el uso de robots en aquellas intervenciones quirúrgicas que alberguen mayor dificultad […] La nueva Cirugía, también escrita con […] Por el bienestar del paciente...”. Qué impaciente yo. Que, todo ojos, con precisión de bisturí interrumpo, deseo, pregunto: “¿Qué tal pareja hacemos?”
¿Su respuesta? Exclusiva en mi periódico. 

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