domingo, 2 de agosto de 2015

Noctámbulos


Una maldición. Un cruel encantamiento. Ocurre cada noche a las cuatro de la mañana. Despierto y ella está a los pies de la cama mirándome, toda vestida de blanco, fantasmal. Dice mi nombre muy bajito, igual que un susurro, y me pregunta si sigue siendo guapa, si la echo de menos. Y yo contesto con la voz ahogada de sueño que siempre será guapísima, pero ha pasado mucho tiempo. Y con unos ojos que parecen besos amarillos ella me observa durante largo rato sin comprender. Luego gira sobre sus talones y se marcha del cuarto muy despacio, abatida. Entonces corro a cerrar la puerta con la promesa de un divorcio que nunca llega. 

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