viernes, 7 de agosto de 2015

Marrón


Marrón tiene un revólver y un gran problema en cada mano. El contable se niega a abrir la caja fuerte mientras afuera el sheriff no deja de gritar que salga y se entregue. Ya oye a sus muchachos rodear el banco con pasos fantasmales, un leve crujir de baldas amarillas. Marrón piensa en Blanca vestida de negro, los ojos llorados. No llores, mi querida, quiere decirle, te prometí que escaparíamos. Marrón dispara al contable en una pierna, la izquierda. Y cuando el contable cae entre aullidos de dolor los hombres del sheriff irrumpen en el banco. Entran por ventanas, puertas y paredes. Son tantos. Son demasiados. Marrón derriba a dos, incluso hiere a un tercero, antes de que una bala alcance su columna y otra, casi simultánea, destroce su mandíbula. La última y definitiva desangra su corazón. Marrón también se cae o cae para siempre, aunque no hace ningún ruido. No muy lejos de allí Blanca todavía sueña con un romance en Durango



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Fotograma: Paul Newman y Robert Redford, en Dos hombres y un destino 

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