martes, 10 de marzo de 2015

'Direcciones' (relato)


Desde hace más de una semana recojo el correo de otra persona. Encargo personalísimo donde los haya. Como hacerse cargo del gato de una amiga y cuidar su casa mientras ella está de viaje. Yo hago todo esto. Cada tarde me apoyo en el quicio de la ventana de ese pequeño hogar que no es mío y ojeo sin abrirlas (tan sólo leo los remites) las cartas que a diario llegan a su buzón. La mayoría son extractos bancarios, cobros de agua o luz, postales de amigos y algún que otro envío publicitario. También recibe misivas de familiares; deduzco por la coincidencia en los apellidos. El gato, silencioso, amable, me observa observar el correo de su ama. Entre los dos sumamos cuatro ojos muy atentos. Y me mira como lo haría una estatua que fuese siete veces irrompible. Tan quieto, el gato recuerda a una foto de marco o pared. De libro de fotografía. De estos hay muchísimos repartidos aquí y allá por el piso: ordenados en estanterías, sobre mesas, apilados en el suelo, desordenados junto a cualquier esquina. Miles de imágenes compartiendo espacio. Y detrás de la ventana los tejados vecinos también parecen fotografiados. Un mar de tejas que forma olas inmóviles. Brillantes crestas sin espuma al calor del último sol de la jornada. Esta noche, entre sorbos de cerveza y maullidos, he descubierto mi nombre y apellidos en uno de los remites. Trazos fantasmales de color azul escritos en el reverso de un sobre amarillo. Ninguna calle debajo de mi letra. Tampoco se leía avenida, plaza o pasaje conocidos. Entonces he recordado las casas donde jamás he vivido. Cada una de esas direcciones a las que no pertenezco. 


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Fotografías: Laura Villargordo
Relato publicado en el periódico online La voz de hoy

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