miércoles, 25 de septiembre de 2013

La sirena

Aunque en sus desgastados huesos atesoraba más de cien años de historia, aquella era la primera vez que veía el mar. Se hallaba embelesada y los minutos iniciales en aguas abiertas, con la espuma acariciándole el cuerpo, le parecieron maravillosos. Llegaron entonces la tormenta y los azotes ventosos. Las olas comenzaron a ganar altura y una de ellas volcó la embarcación. Quiso gritar y dar la voz de alarma. No pudo. Ya era demasiado tarde. Las ratas corrían, huyendo de la anegada bodega. Un joven quedó atrapado bajo el velamen. La tempestad llegó a su cénit y el navío descendió a las profundidades, y arrastró en su debacle a toda la tripulación… Únicamente sobrevivió ella. Enseguida los corales empezaron a proliferar sobre su piel de roble, difuminando la estilizada figura del mascarón de proa.



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